sábado, 23 de mayo de 2009

From Russia with my love...

Aprovechando el puente de San Isidro en Madrid y con unos días extras nos plantamos en Moscú y San Petersburgo. Me he quedado con ganas de más, como casi siempre, pero en este caso quizás con más razón.



Después de cinco horas de vuelo, llegamos al aeropuerto de Domodevo y para aprovechar al máximo nuestra estancia, enlazamos con un vuelo local de 50 minutos por 60 euros que nos llevaría a San Petersburgo. Justo antes de embarcar, descubrimos que también habría sido interesante hacer el mismo trayecto en tren en cuatro horas. Yo me arrepentí de no haber cogido esta opción cuando me monté en el typolov; me daba la impresión de que no iba a aguantar la hora sobrevolando tierras rusas. Superado el susto inicial, en el aeropuerto de Pulkovo en Sant Petersburgo nos esperaba nuestro camarada Dimitri con cartelito en mano. Dimitri es el dueño de una compañía ilegal de taxis que nos hizo de taxista a la ida a la vuelta por unos 1000 rublos, precio bastante asequible si lo comparamos con los precios que nos daba el hotel y los taxis normales.



Al Petro Palace Hotel yo lo quitaría una de las cuatro estrella que tiene siguiendo los estándares de España pero pagamos por la excelente ubicación: a unos segundos de la Catedral de Isaac y a dos minutos de la Nevskiy Prospect, la principal avenida comercial de la ciudad. Como ya era tarde, paseamos por la zona y las calles vacías de alrededor del hotel (eran las 11:30 de la noche). Ya los primeros minutos en la ciudad me hizo pensar que el viento siberiano y la humedad nos acompañarían todo el viaje. Casi acierto.








La Catedral de San Isaac recuerda al Panteón y podíamos verla casi desde cualquier punto de la ciudad. Quisimos subir hasta la cúpula pero un cartel indicaba a los visitantes de "Strong Wind" por lo que decidimos visitarla sólo por dentro.



Lo mejor de la Catedral es la cúpula y las columnas de malaquita verde que no las había visto en mi vida. La plaza y los jardines que hay enfrente son el centro de las botellonas rusas el sábado por la tarde.




Al día siguiente, bajo los 5 grados y el viento contra nos dirigimos a la Iglesia de la Sangre Derramada. Es uno de los símbolos más destacados de la ciudad y la entrada vale unos 6 euros, un poco cara para lo pequeño que es pero la verdad es que impresiona todos los mosaicos de colores. Está abierta desde el 97 y se construyó como lugar de duelo por Alejandro II, que murió allí tiroteado por unos terroristas. En frente de la Iglesia, está el mercado de recuerdos. No lo recomiendo; sobre todo, si también se va a visitar Moscú. Desde mi lógica, comprar un recuerdo en S.P. sería más barato que en la capital. Pues no. Después de haber comprado mis matruschkas en este mercado intentando regatear el precio, me di cuenta que en Moscú podría haberlas comprado mucho más barata. La dura vida del turista...pero tengo que decir que son muy bonitas...